16° día: Fin de año en la Torre de Tokio

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Comenzamos el último día del año con ganas de volver a Nakano Broadway y comprar algunas cosas que nos habían faltado la última vez.

 

En la foto se pueden ver las decoraciones de año nuevo típicas de Japón. Al que le interese saber un poco más sobre todas las tradiciones japonesas de esta fecha, les recomendamos leer este artículo.

 

 

En Nakano Broadway necesitábamos cambiar unos dólares a yenes, lo cuál parecía fácil (ya que es un lugar bastante turístico), pero terminó siendo una misión casi imposible. En los alrededores no parecía haber ni un solo lugar que cambie plata, así que decidimos entrar a la galería y preguntar a alguien si ahí se cambiaba plata. Por suerte, en muchos lugares de Japón es muy común que haya una persona que guíe y ayude a turistas, por que le consultamos y nos dijo a dónde ir. En el lugar de cambio trabajaba un hombre muy estresado (aunque amable) que parecía tener una máquina que contaba billetes que funcionaba muy mal. Intentó por unos 20 minutos, quizás, contar todo con la máquina, fallando una y otra vez (además de que una vez casi se equivoca y nos da de menos). Finalmente nos dijo que había billetes (que aunque eran completamente válidos), la máquina no tomaba, así que nos pudo cambiar un poco menos de lo que le dimos, pero fue suficiente. Nos fuimos pensando que aunque el hombre era amable, necesitaba unas vacaciones.

Además, aprovechamos para sacar unos cuantos gashapones de unas máquinas, y finalmente, fuimos a recorrer.

 

 

 

 

 

 

 

Varios negocios cerrados

 

Unos muñecos de Mario bastante antiguos y caros

 

 

Tienda para los fanáticos de las muñecas

 

 

 

Después de haber comprado varias cosas para nosotros (cartas, una pintura japonesa antigua, mangas, etc.), y algunas otras para regalar, decidimos volver un rato a descansar, porque a la noche tocaba comenzar el año en la Torre de Tokio (al menos eso pensábamos).

 

 

Así, después de descansar nos fuimos hasta la Torre de Tokio.

 

 

 

 

Como en todos lados, había muchas decoraciones navideñas. La Torre de Tokio se veía linda, aunque bastante más chica de lo que uno puede imaginarse.

 

 

 

 

Isma, Mati y el labio destruido de Mati debido a la sequedad del invierno japonés

 

 

Todo muy lindo: Torre de Tokio, luces, gente comiendo felizmente, etc.; si no fuera porque en realidad había montones de personas con carteles (y también carteles fijos), que decían claramente que no iba a haber ningún evento de Fin de Año en la Torre de Tokio, y nos invitaban amablemente a que nos vayamos.

 

 

Eso no nos impidió a sacar unos tickets para subir a la torre, y disfrutar de unas lindas vistas de Tokio (y de muchos chinos).

 

 

 

Mirando para abajo

 

 

 

Una pelota que encontraron en la punta de la Torre de Tokio, a 306 metros, o algo así

 

Había un pequeño santuario (arriba de la torre), como en cada rincón de Japón

 

Como en todos los lugares icónicos de Japón (y algunos no tan icónicos), se puede poner un sello exclusivo de este lugar en donde uno quiera. El objetivo de Mati es ir coleccionando estos sellos en una libretita, por todo Japón.

 

 

 

Mati sobre el “abismo”

 

Finalmente decidimos irnos, como bien nos invitaban a hacer los japoneses que gritaban como desesperados abajo de la torre. Sabíamos que en Shibuya estaba en verdadero evento, y esta vez parece que quisieron juntar a todos ahí (mala idea).

Cuando estábamos por volver, teníamos hambre, pero en los puestos de la Torre de Tokio había demasiada gente, así que decidimos buscar otro lado. Intentamos ir a unas combinis cercanas, pero era aún peor de tanta gente. Por eso, decidimos ir a Shibuya directamente. Así, Isma se dio cuenta que había perdido la SUICA (la SUBE japonesa, que sirve para tomarse todo el transporte público). Mati, con hambre, con ganas de ir al baño, y sin SUICA de Isma ni demasiado tiempo para llegar a Shibuya, entró en una especie de desesperación, más o menos así.

Intentamos sacar el boleto a mano, pero en la desesperación de que iban a ser las 12 de la noche y estábamos en el tren, no entendimos cómo usar la máquina. Así que le pedimos ayuda a un hombre de seguridad, que no tenía muchas ganas de levantarse (supongo que por estar trabajando la noche de fin de año), pero que finalmente accedió y nos ayudó de buena manera.

 

 

Así, llegamos a Shibuya, en el peor caos y apretujamiento que pudiéramos imaginar. Además, había muchos extranjeros, posiblemente estadounidenses, borrachos y completamente idiotas. Pero, así y todo, había montones de japoneses con carteles, diciéndonos hacia donde ir para asistir al no-evento, ¡porque no había absolutamente nada!

Simplemente la gente se había juntado a tomar y mirar la nada, porque no había qué mirar: no había fuegos artificiales, ni nada en especial, solo gente reunida.

 

 

Así, pasamos el más extraño fin de año de nuestras vidas: sin cenar, preocupados por la SUICA perdida, con gente borracha que festejaba tirando alcohol por los aires, y con ganas de ir al baño. Pero no fue horrible, porque estábamos en Japón, y eso contrarrestaba absolutamente todo lo malo, haciendo que este fin de año al menos no fuera depresivo como otros, sino, a lo sumo, diferente y no tan interesante, pero en el país donde queríamos pasarlo.

 

 

Y por último, el video resumen:

 

Una respuesta

  1. Excelente!!!!!!!! 😀

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