18° día: Viaje a Kioto

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Nos levantamos temprano porque había que dejar el hotel cápsula y tomar el shinkansen (tren bala) de las 6:26 en la estación de Tokio, con destino a Kioto. Nuevamente hubo que luchar con el equipaje. Estábamos un poco preocupados porque, hasta donde sabíamos, en el shinkansen no había dónde dejarlo: sólo se podía arriba de nuestras cabezas, y estaba muy pesado.

 

El primer shinkansen de nuestras vidas

 

Al final, con un poco de fuerza pudimos subir todo el equipaje (varios días más adelante nos íbamos a dar cuenta que también había un pequeño lugar adelante de los asientos donde se podía dejar).

 

Nosotros, y nuestro equipaje arriba

 

Selfie en el baño del shinkansen

 

 

Monte Fuji desde la ventana

 

 

 

Finalmente llegamos a la estación de Kioto, y tomamos el tren local hasta donde nos íbamos a hospedar (cerca de la estación de Nishioji).

Encontrar el departamento fue realmente un problema. No recordamos bien por qué, pero no teníamos marcado el lugar exacto a donde íbamos en el mapa de Google Maps, por lo que nos guiamos en base a las indicaciones que nos mandaron en texto (las cuales no eran del todo buenas).

Cuando estábamos cerca, no encontramos absolutamente nada de lo que decían las indicaciones, por lo que Mati dió un par de vueltas manzana, y leyó varias veces más las indicaciones, pero nada parecía funcionar. Al no tener wifi o internet móvil, se dificultaba buscar más indicaciones o referencias que las que ya teníamos. Volver a la estación de tren no parecía una opción, porque hacerlo juntos implicaría volver con todo el equipaje (ya casi no dábamos más), y por separado no teníamos forma de comunicarnos entre nosotros (tampoco recordábamos bien como habíamos llegado, porque las calles de Japón no se caracterizan por ser muy uniformes y ordenadas). Para empeorar la situación, ese lugar de Kioto era muy tranquilo, y no pasaba nadie, ni autos.

Cuando estábamos a punto de hacernos un harakiri en medio de la calle, Mati miró el mapa por última vez y recordó que una vez había visto que había una tienda de bricolaje muy cerca del lugar que buscábamos. Gracias a eso, a las indicaciones, y a un par de flashbacks (como en las películas), todas las ideas se le ordenaron y pudo ubicar el lugar en el mapa.

Así, llegamos al departamento, pero los problemas no terminaban ahí. Al abrir el buzón que nos correspondía, no estaba la llave. Subimos para verificar si habían dejado la puerta abierta, pero no. A todo esto, un señor que parecía trabajar ahí, nos miraba con mucha sospecha todo el tiempo.

Sin saber qué hacer (de nuevo), Mati llamó a la dueña del departamento, pero nadie respondió, así que le dejó un mensaje en inglés. Hay que imaginarse la situación: hablando en inglés a un contestador, intentando contar lo que pasaba, muy preocupado. Nos reiríamos mucho con esa grabación hoy.

Por suerte, a los pocos minutos una mujer bajó y vimos que estaba por abrir el buzón, así que le hablamos y efectivamente ella estaba preparando la habitación para nosotros. Así, nos dio la llave y subimos. Aprovechamos para decirle al hombre preocupado que íbamos a esa habitación (en un japonés muy malo), y nos hablo amablemente explicándonos algo de las puertas del ascensor que funcionaba mal.

Entramos, medio muertos, recorrimos un poco el lugar, y Mati fue a comprar el almuerzo. Todo este cansancio y estrés culminaron en otro problema más: Mati se olvidó la billetera. Al momento de pagar se dio cuenta que no tenía nada de plata, por lo que tuvo que pedir que le reserven la mercadería e ir rápido a buscar el dinero al departamento. Cuando volvió, la chica de la caja ya había guardado toda la mercadería en una bolsa (por suerte no desconfió en ningún momento).

Así, comimos y preparamos los futones para dormir un poco. Claramente ya no podíamos hacer nada más sin equivocarnos.

Acá un gif que hicimos de cómo armar un futón en 4 simples pasos:

 

 

A la tarde-noche, salimos a recorrer el barrio y sacar algunas fotos del lugar. Además jugamos un poco al Pokémon Go.

 

 

Combini que teníamos en frente

 

 

 

 

 

Nos encontramos un hermoso santuario, súper tranquilo. Estas cosas transmiten muchísima paz.

 

 

 

 

Finalmente, fuimos a cenar a Friendly, un lugar bastante bueno, y que tenía comida muy rica. Y sí, los que atendían eran friendly (amables), como su nombre lo indica.

 

 

 

Y para terminar, un video un poco malo con cosas grabadas con el celular y la cámara:

 

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