31° día: Cumpleaños de Mati en Akihabara

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Empecé mi cumpleaños en el departamento, festejando con un gorrito del Donki y una torta de combini.

 

 

Después de este súper festejo, nos fuimos a dormir.

Pasado el mediodía, salimos a pasear y a ver computadoras por Akihabara para comprar para mi cumpleaños.

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Akihabara nos encontramos estas pequeñas tiendas de productos de electrónica: el paraíso para cualquier persona interesada en el tema. Además ahí mismo había algunos lugares que daban cursos de robótica y cosas similares.

 

 

 

 

 

Fuimos a almorzar al peor lugar de todos los que estuvimos en Japón, Hot Dog Cafe, una especie de panchería estilo estadounidense, donde absolutamente ningún empleado hablaba inglés. Los japoneses que estaban ahí se hacían los malotes (aunque no les sale), y no paraban de fumar. Además tardaron un montón de tiempo en traer dos miserables panchos, y cuando reclamamos no entendieron qué pedíamos. Y, por si esto fuera poco, fue uno de los pocos lugares donde la bebida no solo no era gratis, sino bastante cara.

Lo malo es que no nos podíamos ir porque pagamos apenas entramos (obviamente no sabíamos que era un lugar tan horrible).

 

Cara de felicidad de Isma

 

Mi cara de felicidad

 

Nuestra comida, que esperamos como si estuvieran preparando un estofado irlandés

 

Después de esto, fuimos a comprar la computadora. Volvimos muy contentos a casa para probarla. Después de muchos intentos, tratando de leer el manual en japonés y todo, llegamos a la conclusión de que el monitor estaba fallando y no encendía (se veía que la computadora sí prendía). Fuimos hasta el local, con la mala suerte de que el primero que la probó no hablaba nada de inglés, y encima tocó el mismo botón que nosotros, de la misma manera que nosotros, pero a él le encendió. Como estábamos casi seguros de que no fue un error nuestro, fuimos a un McDonalds cercano a probarla. Ahí llegamos a la conclusión de que no eramos nosotros, el hombre sólo tuvo suerte.

Volvimos al local y les contamos el problema, pero los empleados parecían más preocupados de que abrimos un producto tax free (libre de impuestos para extranjeros), que no se podía abrir hasta llegar a nuestro país de origen. Después de mucha espera, y de que muchos empleados hablaran entre sí, nos dijeron que igualmente no había problema, que íbamos a tener que pagar un impuesto en el aeropuerto, pero nada más. Todo muy lindo, pero no estábamos yendo por ese tema. Me hizo acordar a esta escena de The Lord of the Rings.

Después de decir “Well, that’s good news” al estilo Pippin, nos acordamos de que ese no era el problema inicial y le preguntamos qué pasaba con que la computadora que no funcionaba. Así que ahí fuimos a otro lugar a que la prueben. El hombre que la probaba, al más fiel estilo ent, estuvo como una hora intentando hacerla encender, y no lo logró. Al final dijeron que la iban a cambiar, pero que no voy a tener garantía en mi país. Y, como a los japoneses no se les entiende bien el inglés (en general), pregunté como 3 veces si realmente habían decidido cambiarla (con todas las vueltas que habían dado parecía que no tenían intención de hacerlo). Por suerte dijeron que sí, así que trajeron otra. La facturaron de nuevo, e hicieron varios trámites y nos la entregaron. Le dije que quería probarla antes de irme, pero dijeron que no podía porque era tax free, a lo que ya entendiendo cómo funcionan los japoneses, les dije que me hacía cargo de todo lo que pueda pasar por abrir algo libre de impuestos. Los del local me dieron una herramienta para que la abra por mi cuenta. La probamos, y andaba, ¡al fin!.

Ya contentos, volvimos a casa a terminar de chequear bien todo.

 

 

A la noche, ya más relajados, fuimos a cenar por Akihabara, y volvimos a casa dando un pequeño paseo nocturno.

 

 

 

Video del día:

 

 

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