Tercer día: Palacio Imperial y Roppongi

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Nos levantamos temprano porque a las 9:30 nos juntábamos con un conocido de Mati, Hiro, en la estatua de Hachiko en Shibuya. Charlamos un poco y nos invitó a una reunión con unos amigos suyos. Seguimos a Hiro, sin saber que íbamos a tomar dos subterráneos hasta un lugar donde se alquilaba ropa deportiva, a muy pocas cuadras del palacio imperial. Sin salir de ese lugar subterráneo, nos encontramos con extranjeros, que también eran hispanohablantes.

Nos contaron que pertenecían a un grupo de intercambio, formado de japoneses y extranjeros que hablan en español, y que organizan todos los meses juntadas para salir a correr alrededor del Palacio Imperial, entre otras cosas. Nosotros obviamente no corrimos, sólo caminamos.

Hiro fue realmente muy amable con nosotros y nos guió por todas partes, además de que habla muy bien en español.

Recorrimos los alrededores del Palacio Imperial y sólo un poco adentro (aparentemente los domingos está un poco restringida la entrada).

 

Alrededores del palacio imperial

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Demasiado sol

 

Kaki imperial

 

 

 

 

 

Permiso para poder entrar al palacio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después viajamos todos juntos hasta un restaurante peruano-tailandés donde sus dueños también hablan español. El lugar era muy lindo y con muy buen ambiente, además la comida estuvo muy rica y fue increíblemente barata.

 

Una foto publicada por @matthuha el

 

 

Cuando terminamos de comer fuimos a recorrer Ginza y Roppongi, muy cerca de ahí.

 

Isma hablando con Hiro

 

Todos eran muy divertidos y amables

 

 

 

 

 

 

Mientras conocíamos la zona, vimos un muñeco muy raro haciendo señas para que entremos a un lugar. Era una cafetería de una marca de obleas italianas. Acá es muy común que haya gente/muñecos en las puertas de las tiendas invitándote a pasar, por lo que no le dimos demasiada importancia. Pero Hiro nos dijo que pasemos, y resultó ser un evento completamente gratuito en el que nos dieron una bolsa y un ticket para canjear por una bebida gratis. En la bolsa se podían poner todas las obleas que uno quiera.

 

 

 

Apenas rellenaban las bandejas se volvían a vaciar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Casa de obleas y chocolates

 

Después de eso nos fuimos a Roppongi Hills, una especie de shopping con muchas luces, buenas vistas y un edificio gigante en el medio.

 

 

 

 

Tokyo Tower

 

 

 

Ya anocheciendo, a las cinco y media de la tarde, nos fuimos despidiendo de Hiro y del grupo. Antes de volver grabamos unos videos.

 

Un vídeo publicado por @matthuha el

 

Decidimos caminar hasta el departamento en donde nos hospedamos, que estaba a unos pocos kilometros. Aunque ya había oscurecido en ningún momento nos sentimos inseguros, inclusive estando debajo de una autopista prácticamente solos durante todo este trayecto.

 

 

 

 

 

 

 

Autos que normalmente se ven por Tokio (en serio)

 

La obra en construcción no se privó de tener sus propias luces navideñas

 

 

 

 

 

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